El padre Luiz Cesar Moraes solo quería bendecir a sus fieles.
Era marzo de 2020, Itajubá, Minas Gerais, y como tantos sacerdotes en los primeros días de la pandemia, decidió transmitir su oración en vivo por redes sociales. Grababa con la cámara trasera del celular, así que no tenía forma de ver lo que realmente estaba pasando en pantalla: un filtro le había puesto orejas y nariz de perro, después una bandana, y hasta lo hizo levantar pesas invisibles mientras seguía predicando con total seriedad.
Los fieles que miraban desde sus casas no podían creerlo, y el video se llenó de risas y capturas de pantalla. El padre tuvo que salir después a explicar lo ocurrido y pidió, con humildad, que nadie usara las imágenes para burlarse de él ni de su labor como sacerdote. Cinco años más tarde, cuando murió a los 73, ese momento seguía siendo lo primero que muchos recordaban de él.
