Sadio Mané evitó los lujos que tienen otros futbolistas millonarios, construyó hospitales y escuelas en su comunidad para que no tengan que vivir lo que él vivió

Por Alexander López
3 August, 2026

Sadio Mané tenía 7 años cuando su padre murió en Bambali, un pueblo del sur de Senegal sin un solo centro médico cerca. Ese vacío se le quedó grabado para siempre.

Años después, convertido en una de las grandes estrellas del fútbol africano, Mané tuvo la fortuna para comprar mansiones, autos de lujo y relojes de diamantes como muchos colegas suyos.

Eligió otra cosa; construyó el primer hospital de su aldea, con consultorios y sala de maternidad. Levantó una escuela secundaria gratuita y envió computadoras a los estudiantes. Sumó una gasolinera, una oficina de correos, y hasta hoy dona mensualmente a las familias de la región.

Sigue usando un teléfono con la pantalla rota pese a tener millones en el banco. Para él, el verdadero triunfo no se mide en lujos, sino en lo que su comunidad ya no tiene que sufrir.

Puede interesarte