Sadio Mané tenía apenas 7 años cuando vio morir a su padre en Bambali, una aldea senegalesa sin electricidad ni un solo centro médico cerca. No hubo ambulancia que llegara a tiempo, no hubo médico que pudiera salvarlo. Solo la distancia, y la impotencia de no tener a dónde ir.

Años después, convertido en una de las grandes estrellas del fútbol mundial, Mané volvió al mismo lugar. Pero no a visitar: volvió a construir.

Invirtió parte de su fortuna en levantar un hospital en Bambali, capaz de atender a decenas de aldeas vecinas que hasta entonces tampoco tenían dónde curarse.

También financió una escuela, conectividad a internet y ayudas mensuales para las familias de su pueblo.

Él mismo lo ha dicho: prefiere ayudar a su gente antes que acumular lujos. Por eso, donde antes no llegó ningún médico a tiempo, hoy hay un hospital con su nombre detrás. 🇸🇳🥹

