Sena no iba a sobrevivir esa noche.
La encontraron al borde de la muerte en una zona rural de Tailandia, justo antes de Año Nuevo: sin pelo, desnutrida, apagada. Beth, voluntaria de un refugio local, la llevó a su casa solo para que no muriera sola. No esperaba nada más. Pero a los pocos días Sena movió la cola por primera vez, y esa voluntad de vivir la transformaron por completo: recuperó su pelaje, su fuerza, su alegría. Se volvió un símbolo de que ningún caso está tan perdido como parece.


Sena murió 14 meses después, dejando en Beth un amor que no sabía dónde poner. Entonces apareció Sonny, un perrito abandonado que casi muere esperando ayuda y que, sin que nadie lo buscara, se parecía a ella. La parte más emotiva es que Beth siente que todavía tenía mucho amor para darle a Sena y que ahora puede entregárselo a Sonny, un perro que también necesitaba una segunda oportunidad.


