Samantha, de 59 años, tenía las piernas tan hinchadas que pesaban 21 kilos cada una.


Durante dos décadas cargó con un cuerpo que no reconocía: piel escamosa, llagas que sangraban con el más mínimo golpe y un peso que la obligó a dejar su trabajo. Los médicos solo le pedían que bajara de peso, sin diagnosticar la causa real. Mientras tanto, extraños en la calle la señalaban y la llamaban gorda, sin saber que detrás de esas piernas había una enfermedad llamada linfedema, un fallo en el sistema que drena los líquidos del cuerpo.


Todo cambió cuando viajó a Londres junto a su hermana Michelle para consultar a la dermatóloga Emma Craythorne. Con un tratamiento de compresión intensiva y semanas de vendajes diarios, Samantha logró perder 21 kilos (47 libras) en cuatro meses. Hoy vuelve a caminar sin el peso de dos niños colgando de sus piernas, y su historia quedó registrada en el programa británico The Bad Skin Clinic.
