Samantha Redding, de 20 años, fue desfigurada por un perro que conocía desde cachorro y ahora enfrenta años de cirugías reconstructivas

Por Sebastián Jerez
31 August, 2026

Samantha Redding tenía 20 años y conocía a ese perro desde que era cachorro.

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Era un cruce de mastín español con Akita cabezudo, propiedad del padre de una amiga suya, en Reino Unido. En enero, durante una visita breve a esa casa, el animal se acercó, gruñó y en cuestión de segundos le desfiguró el rostro. Samantha recuerda poco: el gruñido, el dolor, y después la traqueotomía de urgencia.

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Desde entonces su vida son injertos de piel de brazo y pierna, cicatrices en cara, cuello, garganta y daño nervioso que llegó hasta sus encías y dientes. Las cirugías se repiten cada ocho semanas para proteger el injerto, y todavía le esperan al menos tres más, incluida una para remodelar su labio. Durante cinco semanas no dejó que sus hermanos pequeños la vieran: no quería asustarlos con lo que quedó de su cara.

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