Hay un día del año en que en Nepal nadie ignora a un perro.

Se llama Kukur Tihar, es el segundo día del festival hindú de las luces, y este año cae el 8 de noviembre. Mientras en otros lugares del mundo el Diwali gira alrededor de las lámparas y la prosperidad, el hinduismo nepalí reserva una jornada entera para dar las gracias a quienes llevan todo el año cuidando a su gente: los perros.

Y no distingue entre los que tienen sofá y los que duermen en la esquina. Los de casa y los de la calle reciben el mismo trato. Les cuelgan guirnaldas de caléndulas al cuello, les marcan la frente con un tika rojo hecho de arroz, yogur y colorante, y les sirven un banquete de carne, huevos, leche y golosinas.

La razón viene de la mitología: los perros son los mensajeros que custodian a Yama, el dios de la muerte. Honrarlos es honrar a los guardianes.

En un mundo donde el maltrato animal sigue a la orden del día, hay un país que un día al año pone a los perros más callejeros a recibir flores.
