Wenatchee High School, en el estado de Washington, tenía un problema con solución complicada. Cómo lograr que decenas de estudiantes de banda tocaran juntos sin arriesgar su salud durante la pandemia.

La respuesta no vino de un manual ni de una videollamada. Vino de carpas individuales. Literales. Cada músico ensaya ahora dentro de su propia carpa individual, como si fuera una pompa gigante que lo protege mientras sopla su instrumento.

El director Eric Anderson lo resume simple. Las carpas eran pequeñas, pero adentro cabían cosas grandes. Esto brindó la posibilidad de que la música volviera a sonar en conjunto, nota por nota, como si nada hubiera cambiado.

