“Se avecina una gran inundación, vengo a buscar a mi hija, me la llevaré”, dijo desesperado un padre al director de la escuela de Nepal, quien no dudó y evacuó de inmediato. “Si hubiese esperado el aviso de una autoridad…”

Por Diego Aguirre
31 August, 2026

Rajendra Dawadi estaba en su escuela, en Trishuli Bazar, Nepal, cuando un padre entró sin aliento. No venía con un comunicado oficial. Venía solo, desesperado, a buscar a su hija.

“Se avecina una gran inundación, vengo a buscar a mi hija, me la llevaré”, le dijo.



Ninguna autoridad había dado la alarma. Ninguna sirena sonó esa mañana de miércoles. Solo la voz de un padre que confiaba más en su instinto que en cualquier protocolo.

Dawadi no dudó. Ordenó evacuar a los casi 900 alumnos de la escuela, uno por uno, contra el reloj. Minutos después, el agua del río llegó con una fuerza que nadie había imaginado. Un albergue a solo 100 metros de la orilla quedó sumergido en instantes. El edificio escolar terminó sepultado bajo lodo y escombros.



Entre esos 900 niños estaba Yunisha Amatya, de 16 años. Su padre, Yubaraj Amatya, corrió hacia la escuela convencido de que la había perdido.



Durante casi una hora no logró comunicarse con ella. Su madre, Sabina Kumari Shrestha, esperaba noticias sin poder hablar con nadie. Cuando Yunisha por fin respondió el teléfono, del otro lado solo hubo llanto.

La inundación dejó en Nepal al menos 2.426 personas desaparecidas.

Pero en esa escuela, gracias a un padre que no esperó permiso para actuar, no hubo ni un solo nombre que agregar a esa lista.

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