Antes de que los médicos le abrieran el cráneo, él tenía una sola cosa pendiente: casarse.


La pareja organizó una boda en tiempo récord dentro del hospital, con el novio aún en bata y los monitores como testigos. No hubo banquete ni vestido de novia elaborado, pero sí votos reales, pronunciados con la urgencia de quien sabe que las horas cuentan. La craneotomía, una de las cirugías neurológicas más delicadas que existen, estaba programada para pocas horas después, y ninguno de los dos quería llegar a ese momento sin haber dado ese paso. 💍


Historias como esta recuerdan que el amor no espera las condiciones perfectas. A veces se celebra bajo luces fluorescentes, entre enfermeras y pasillos fríos, porque lo único que importa es que la persona que amas sepa, antes de cualquier cosa, que ya es tuya y tú eres de ella.


