No todas las bodas necesitan un gran salón para convertirse en un día inolvidable. ❤️ Jamie y George Callicoat, dos trabajadores de McDonald’s, decidieron casarse en el mismo restaurante de Akron, Ohio, donde comparten sus jornadas laborales. Lo que comenzó como una broma terminó convirtiéndose en una ceremonia de verdad, con compañeros, familiares y amigos como invitados.
Para celebrar, el comedor fue cerrado y decorado especialmente para ellos, pero hubo una parte del McDonald’s que nunca dejó de funcionar: el autoservicio. Mientras Jamie llegaba vestida de novia y la pareja intercambiaba sus votos, al otro lado del restaurante los clientes seguían pasando por sus pedidos como cualquier otro día.

La celebración también tuvo su propio menú, alejado de las hamburguesas y papas fritas habituales, con rigatoni, cerdo desmenuzado y salsa de pollo búfalo. Incluso los niños invitados pudieron comer gratis.
Pero quizás el momento que mejor retrata a los recién casados ocurrió cuando todos comenzaron a marcharse. En vez de despedirse y dejar el trabajo para sus compañeros, Jamie y George se quedaron para ayudar a limpiar y ordenar el restaurante. Hasta el padrino tomó una escoba para colaborar.
“No podíamos dejar así a nuestros compañeros”, explicaron después.
Luego sí llegó el momento de celebrar como recién casados y partieron a Cedar Point para pasar su luna de miel. Su boda quizás no tuvo un lugar lujoso, pero tuvo algo mucho más suyo: se casaron donde comparten sus días y terminaron la noche trabajando en equipo, igual que siempre. ❤️
