Diez años antes, Georgina era dependienta en una tienda Gucci de Madrid cuando un futbolista entró a comprar algo y le cambió la vida entera.

El 11 de agosto de 2026, exactamente una década después de ese cruce casual, Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez se casaron en el salón de su propia casa en Cascais, Portugal. Sin vestido blanco tradicional. Ella eligió un conjunto de Gucci diseñado a medida por Demna, con joyas Chopard valoradas en decenas de millones de dólares. Él, un traje beige con mocasines de la misma marca. Firmaron lo civil ante solo cuatro testigos y después se trasladaron a una capilla en Fátima, donde un sacerdote los bendijo acompañados únicamente por sus cinco hijos.

“Castillos, casas, islas, caballos, coches: todo eso lo tenemos al alcance de la mano cada día. Pero algo íntimo… eso es más inusual”, dijo Georgina 🤍. Con todo el dinero del mundo disponible, eligieron lo más difícil de conseguir: un momento pequeño, solo para ellos.

