Juliet Mbabazi conoció a Travis Preston mientras él cumplía su misión como militar estadounidense en Mbarara, Uganda.
Se casaron, tuvieron dos hijos —hoy de 3 y 7 años— y durante dos años formaron una familia. Hasta que la misión de Preston terminó.

Según el relato de Mbabazi, apenas regresó a Estados Unidos, Preston dejó de responder y de enviar cualquier tipo de apoyo económico.
Ella quedó sola, criando a los dos niños, sin dirección, sin contacto, sin respuestas. Nadie en su entorno sabía cómo localizarlo.

La historia llegó al cantante ugandés Bruno K, quien lanzó una campaña pública para dar con el paradero de Preston: pidió ayuda a ugandeses que sirven en el ejército estadounidense, exigió que la Embajada de EE.UU. en Kampala intervenga y organizó una transmisión en vivo que ya reunió 5 millones de chelines ugandeses para sostener a la familia.

De fondo queda otra pregunta sin resolver: si los hijos de Mbabazi podrían acceder a la ciudadanía estadounidense que su padre nunca les dejó por escrito.
