Se enamoró de un preso, se casó con él tras las rejas y lo vio agonizar 40 minutos tras la inyección letal. Ella asegura que él era inocente

Por Maried Díaz
7 September, 2026

Tiana Krasniqi tenía 31 años cuando vio morir a su esposo en una silla de ejecución en Texas.

Todo empezó como un simple correo académico. Ella cursaba una maestría en derechos humanos en Londres y escribió a James Broadnax, de 37 años, condenado a muerte por un doble homicidio ocurrido 20 años atrás en Garland. Quería estudiar el racismo en el sistema judicial, no enamorarse. Pero las llamadas diarias se multiplicaron, y cuatro meses después él le pidió ser su novia. Tiana viajó a Texas, dejó a su hija de 9 años en Inglaterra y compartió con James sándwiches de pollo separados por un vidrio grueso, en visitas de máximo cuatro horas.

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Mientras investigaba el expediente, encontró algo que la sacudió. El ADN de James nunca apareció en el arma ni en las víctimas, pero sí el de su primo. Cuando fijaron la fecha de ejecución, se casaron con las manos separadas por el cristal, sin poder besarse. Quince días después, Tiana lo vio convulsionar en la camilla mientras juraba su inocencia. La inyección letal tardó 40 minutos en matarlo. Ella gritó “te amo” contra el vidrio hasta el final.

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