Rangel Almeida fue a la clínica por dos bultos en el abdomen.
Tenía 48 años, vivía en Sertanópolis, Paraná, Brasil, y arrastraba esas protuberancias desde una cirugía bariátrica anterior. El hecho era preocupante, así que lo derivaron a un centro de Londrina para un ultrasonido que confirmara si se trataba de una hernia, pero se llevó una gran sorpresa cuando abrió el sobre. Los resultados decían que estaba embarazado.
“Me sentí un poco avergonzado”, confesó.

El informe detallaba un embarazo de 23 semanas y dos días: longitud del fémur, peso estimado del bebé y las imágenes de ultrasonido del bebé en formación, ¿pero cómo era posible?
Rangel, que ya era padre de dos hijos, no estaba frente al poder del Espíritu Santo, un milagro ni a una extraña condición médica. Aunque su nombre aparecía en la portada del informe, el resultado del examen pertenecía a otra paciente.


La clínica Ultra-Clin lo atribuyó a un error de digitación y dijo que era la primera vez que pasaba algo así en sus registros. Mientras que su esposa bromeó con que sería madre, indicando que las dos hernias eran los gemelos.
