Daniel Correa era un famoso futbolista brasileño de 24 años, y tenía una costumbre peligrosa: contarle todo a un amigo por WhatsApp.

Esa noche de octubre de 2018, en Curitiba, le escribió que se metería en la cama de Cristiana Brittes durante la fiesta de cumpleaños de la hija de ella. Le mandó fotos junto a la mujer mientras esta dormía. El amigo le respondió que lo iban a golpear si lo encontraban ahí, pero Correa igual se quedó.

Lo descubrieron horas después, en esa misma cama. Lo golpearon con saña, lo metieron en el maletero de un auto y lo trasladaron a un descampado en las afueras de la ciudad. Ahí terminó todo: el cuerpo apareció el 27 de octubre con heridas que hablaban de una violencia que no cabía en una sola persona, aunque solo el esposo de la mujer confesó haberlo hecho.
Las fotos que él mismo envió para presumir se convirtieron después en la prueba que reconstruyó sus últimas horas de vida.
