Jorge Messi falleció el 8 de agosto de 2026 sin haber contado esta historia.

Años atrás se había acercado al municipio de Rosario con una idea simple: financiar tratamientos para niños con el mismo déficit de hormona de crecimiento que él mismo tuvo que enfrentar en Lionel de chico. Pero el municipio le pidió otra cosa: no dinero, sino formación. Necesitaban médicos capacitados en trasplante de médula ósea pediátrico. Jorge no dudó.

A través de su fundación armó un programa con el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, y él mismo coordinaba cada rotación: vuelos, alojamiento, papeles. Uno de sus hijos recibía a los médicos en el aeropuerto. El doctor Juan Di Santo, testigo directo, lo contó recién ahora en La Nación+: gracias a ese esfuerzo silencioso, el hospital de Rosario logró unos 100 trasplantes en niños sin cobertura social. Nadie lo sabía. Él nunca lo pidió.
