Ni un burbujeo de más, ni un cuerpo fuera de posición.

Cada año, los graduados del curso de buceo militar de la Marina Real Canadiense posan para su fotografía oficial completamente sumergidos, alineados como si estuvieran de pie en tierra firme. No hay truco de edición: es el cierre de una de las formaciones más duras del ejército canadiense, donde el control de la respiración, la calma bajo presión y la coordinación grupal se entrenan durante meses.

Mantener esa posición exacta, sin flotar ni desviarse, mientras un fotógrafo captura a todo el equipo a la vez, exige el mismo dominio del cuerpo que necesitarán en misiones reales bajo el agua. La tradición se repite generación tras generación como símbolo del orgullo de haber sobrevivido al curso.

