

Sef llegó a la vida de Rawtashk en abril de 2007, un cachorro Malinois desgarbado que cruzó el parque corriendo hacia un humano que acababa de conocer y ya quería.
Vivió con él 11 años, 5 meses y 16 días.
Casi nunca jugaba en el parque de perros: se pasaba el rato yendo de persona en persona, apoyándose en sus piernas a la espera de una caricia.
Compartió casa con Drago y después con Rhonin, que le enseñó a jugar a tirar de una cuerda. Hasta que, según contó su dueño, un día a Sef ya no le dieron ganas.
A fines de 2016 empezó a ir más lento. Un tumor en un nervio, artritis y diabetes insípida hicieron cada vez más difícil moverse. Cada noche dormía en el suelo hasta oír despertar a su dueño y entonces corría a la cama para los mimos. Cuando ya no pudo subir, apoyaba las patas en el borde y él lo ayudaba a subir. Lo cargó escaleras arriba y abajo durante semanas.
El último día, el veterinario fue a su casa. Según su dueño, sus hermanos peludos parecían saberlo: no dejaron de besar a Sef en toda la mañana.
“Te habría cargado para siempre, pero no era justo para ti“, le escribió después. Y añadió: “Espero que la hayas pasado maravillosamente”.

