Satsuki Naito tenía 29 años y una vida construida frente a la cámara. Nació con osteogénesis imperfecta, una enfermedad rara que vuelve los huesos tan frágiles que se rompen con facilidad. Su estatura se detuvo en 110 centímetros y desde pequeña se movía en silla de ruedas.

En YouTube y otras redes hablaba de la dignidad de la vida, de la discapacidad y de la alegría de seguir adelante. Cuando tuvo a su hija, el parto fue presentado como una victoria sobre la enfermedad, y su historia llegó a medios que la mostraron como ejemplo de superación.

En noviembre de 2025 la niña, de nombre Yua, murió en una bañera. Según la información difundida, el cuerpo presentaba 67 heridas de arma blanca. La acusación sostiene que Naito actuó cuando creyó que no obtendría la custodia de la pequeña en las conversaciones de divorcio con su marido, y que el agobio emocional la llevó a decidirlo. Hoy comienza su primer juicio.
La pregunta que deja el caso no es sencilla: ¿cómo se explica que quien enseñaba a valorar la vida esté sentada en el banquillo por quitársela a su hija?

