Serena Williams, la tenista estadounidense que en 2014 dominaba el ranking mundial de la WTA, admitió algo que pocas atletas de su nivel se animan a decir en voz alta.

De joven solo quería una cosa: ser alta, fuerte, musculosa. Una máquina hecha para ganar. Nunca pensó en tener una figura femenina típica, y mucho menos en presumirla.

Pero algo cambió con los años, y en una entrevista con la revista Fitness lo contó sin rodeos: hoy se siente orgullosa de sus curvas y de sus pechos.

Lo explicó como una cuestión de autoestima, de estar convencida de que eres bella tal como eres. Y lo demostró posando en traje de baño para la producción de la revista, justo cuando era la número uno del mundo.

Un mensaje que sigue resonando cada vez que alguien intenta encajar en un molde que no le pertenece.
