SHAKIRA LLEVÓ A LOS GHETTO KIDS A CONOCER EL MAR POR PRIMERA VEZ EN SU VIDA. Y SE DESPIDIÓ ENTRE LÁGRIMAS. LA HISTORIA MÁS LINDA QUE LEERÁS HOY

Por Diego Aguirre
6 August, 2026

Ivan, Ricky, Joseph, Brighton, Kesha, Jojo, Ciara y Ketra.

Shakira los nombró uno por uno. No los presentó como un grupo de baile. Los presentó como ocho personas con nombre propio, cada una con su historia, cada una con su lugar en su casa de Miami.

El mundo los conoce por el escenario del Mundial 2026, bailando frente a millones en la final. Pocos saben lo que pasó después, cuando las cámaras se apagaron.

Shakira los llevó a conocer el mar. Muchos de ellos nunca habían visto una playa. Ese día no hubo coreografía ni luces. Hubo arena, agua fría en los pies, y una cantante colombiana caminando junto a niños que meses atrás bailaban descalzos en las calles de Kampala.



Todo empezó con un video. Los Ghetto Kids, un grupo de danza de Uganda formado por niños huérfanos y de comunidades vulnerables, grabaron una coreografía de “Dai Dai”, el tema que Shakira lanzó junto a Burna Boy para el Mundial. Ella lo vio. Y en lugar de un simple agradecimiento, los invitó a su gira, a su escenario, a su casa.

Los niños que aprendieron a bailar para sobrevivir terminaron bailando en la final más vista de la historia. Pero la verdadera historia no estaba en el estadio. Estaba en los días de después, en Miami, cuando Shakira tuvo que decirles adiós.

“Fue muy duro”, escribió. No lo dijo como frase hecha. Lo dijo llorando, según contó ella misma, porque despedirse de estos niños nunca es fácil.

Dejó algo más que un mensaje de despedida. Dejó una reflexión que pocas estrellas se atreven a compartir: “Los niños llegan a este mundo a través de sus madres y padres, pero son responsabilidad de todos y nos pertenecen a todos”.



Y agregó, sobre lo que ellos le enseñaron a ella: “Saben dar y recibir amor de una manera que nunca antes había visto”. Ocho niños de Uganda le enseñaron algo a una de las artistas más grandes del mundo. No al revés.

Semanas antes, al cerrar la gira, ya les había prometido que serían amigos para siempre, que tal vez los esperaría en su casa de Madrid. La promesa de Miami fue la confirmación: esto no terminó en un escenario. Sigue en una casa, en una playa, en un abrazo que costó soltar.

Shakira les dio un escenario mundial. Ellos le devolvieron algo que ningún estadio puede aplaudir.

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