Shakira en eventos deportivos ya pasó de ser sorpresa emocionante a tradición automática. Mundial, final, ceremonia grande… y ahí está otra vez, con luces, coreografía y un coro que medio planeta ya se sabe.
Sus fans la defienden con razón: tiene presencia, arma shows enormes y convirtió canciones como Waka Waka en himnos globales. Para las organizaciones, llamarla es apostar seguro.
Pero ahí nace el cansancio. En redes, muchos ya se preguntan si no hay más artistas, otros géneros o voces nuevas para ceremonias que deberían sentirse frescas y distintas.

Porque sí, Shakira es icónica. Nadie le quita eso. Pero hasta los íconos necesitan pausa cuando empiezan a sentirse como la opción predeterminada de todo evento deportivo.
