
En 2001, Sharon Stone tenía 43 años cuando sufrió una hemorragia cerebral que estuvo a punto de acabar con su vida. En una reciente entrevista en el pódcast Mayim Bialik’s Breakdown, contó que los médicos le dieron apenas un 1 % de posibilidades de sobrevivir.
Pero lo más indignante de su relato vino después: mientras estaba ingresada, despertó cuando la trasladaban al quirófano y descubrió que iban a someterla a una cirugía cerebral que, según asegura, ella nunca había autorizado.

Stone afirma que su entonces marido, Phil Bronstein, había dado el consentimiento en su nombre. Aterrada, se negó a entrar en el quirófano y consiguió detener el procedimiento.
Tras aquello, tuvo que aprender de nuevo a caminar, hablar y leer. También asegura que durante su recuperación perdió millones de dólares que tenía ahorrados.

Pero la ganadora del Oscar no permitió que aquella tragedia definiera su vida. Contra todo pronóstico, sobrevivió, se reconstruyó y volvió a ponerse en pie.
Su historia es, sobre todo, la de una mujer que estuvo al borde de perderlo todo y que terminó recuperando algo mucho más importante: el control de su propia vida.
