Helena Bonham Carter tenía 52 años y cuatro sola tras separarse de Tim Burton cuando la vida le jugó una broma hermosa: casi no va a esa boda. Ahí conoció a Rye Dag Holmboe, historiador y psicoanalista noruego, 22 años menor que ella. Ocho años después conviven en Londres con sus conejos y un terrier llamado Pablo, y se los ve tomados de la mano en cada paseo matutino.

Lo que enamora no es solo la historia de amor, sino cómo ella se planta frente al mundo. Cuando le preguntan por la edad de su novio, no se disculpa ni se explica: “Las personas no tienen necesariamente su edad cronológica”, dice, y remata con la frase que resume todo: “El colágeno no es la única forma de sensualidad; hay carácter, diversión, picardía y humor”.

Nadie le pregunta lo mismo a un hombre de 60 con una pareja joven, y ella lo sabe. Por eso, cuando Cher confirmó su romance con un hombre 40 años menor, Helena no dudó en salir a bancarla: “Bien por los hombres por apreciar diferentes tipos de belleza”. Una mujer que decidió que la felicidad no tiene fecha de vencimiento, ni permiso que pedir.

