Rajendra Dawadi estaba en su escuela en Nuwakot, Nepal, cuando su teléfono sonó cuatro veces seguidas.

Eran las 9:10 de la mañana. Al otro lado, voces urgentes le avisaban que el río venía creciendo y que en minutos alcanzaría el edificio donde 900 alumnos tomaban clases con normalidad. No dudó: ordenó que todos corrieran hacia un terreno más alto y frenó a los autobuses escolares que aún circulaban rumbo a la escuela, antes de que quedaran atrapados en la ruta.

Diez minutos después, el agua arrasó el lugar y dejó el edificio sepultado bajo lodo y escombros. Un albergue ubicado a solo 100 metros del río quedó sumergido casi al instante. “Si hubiéramos tardado 10 minutos más, ninguno de nosotros, incluidos los alumnos y yo, podría hablar con ustedes hoy”, contó después Dawadi. Las inundaciones ya dejaron cientos de muertos y miles de desaparecidos en todo Nepal.
