En algunas regiones de Egipto, la justicia no se hace en tribunales ni con pruebas científicas: se imparte con metal al rojo vivo en una práctica llamada Bisha’a.

Se dice que se originó entre algunas tribus beduinas de Arabia Saudita como método para detectar mentiras, donde un hombre, generalmente el esposo o un familiar varón, toma un trozo de hierro y lo calienta hasta que arde. Luego, lo presiona contra la lengua de la mujer acusada de adulterio y, si la lengua se quema, es culpable, pero si logra aguantarlo y no se quema, es inocente.

No importa si de verdad no hizo nada, la apelación no tiene lugar aquí: sólo la tradición, el miedo y un trozo de metal caliente decidiendo.

El castigo para la “culpable” es la lapidación.
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