Anthony Hopkins no recuerda haber conducido esa noche.
Era el 29 de diciembre de 1975, en California, y el actor, hoy con 88 años y un Óscar en la repisa, manejaba en un estado de blackout total. Cuando volvió en sí, entendió algo que lo heló por dentro: pudo haber matado a alguien, o haberse matado él mismo, y en ese instante ni siquiera le importaba morir.

Esa misma noche fue a una fiesta en Beverly Hills y le confesó a su exagente que necesitaba ayuda. Según contó en el podcast ‘The Interview’ del New York Times, ahí escuchó una voz interior, serena, como de locutor de radio, que le dijo que todo había terminado y que podía empezar a vivir. El impulso de beber desapareció esa noche y nunca volvió. En diciembre de 2024 celebró 49 años de sobriedad, y en su nuevo libro de memorias admite algo que pocos esperarían de él: nunca supo que era alcohólico hasta ese límite.

