En Dinamarca ya no basta con entregar el trabajo. Hay que defenderlo, en voz alta, frente a un profesor que puede preguntar cualquier cosa sobre lo que escribiste.

El Ministerio de Educación, con Magnus Heunicke a la cabeza, anunció medidas de emergencia esta semana: todos los exámenes escritos que los estudiantes hacen en casa ahora exigen una defensa oral obligatoria. La regla entra en vigor de inmediato y golpea directo a los cerca de 9.000 alumnos del programa HF, ese bachillerato de dos años donde los trabajos escritos pesan fuerte en la nota final. Las escuelas también deberán instalar monitoreo de pantallas y firewalls durante los exámenes, y se espera que los estudiantes hagan más tareas dentro del aula, bajo supervisión directa.

Oscar Tønsberg Hoffmann, presidente de la Asociación Danesa de Estudiantes de Secundaria Superior, celebró la medida pero pidió algo más profundo: que este cambio realmente sirva para aprender, no solo para vigilar. La pregunta que queda flotando es simple. ¿Es justo cargar a los estudiantes con más exámenes orales por culpa de unos pocos que usaron IA para hacer trampa?

