Su cara lo decía todo.
Aunque ningún nadador ha muerto jamás en unos Juegos Olímpicos, y no hay registro de que alguno haya necesitado ser rescatado. La Federación Internacional de Natación ni siquiera pide salvavidas en las piscinas. Pero una ley del estado de Río de Janeiro obliga a tenerlos en cualquier piscina de más de seis por seis metros, así que 75 salvavidas terminaron custodiando a los mejores nadadores del mundo.

Fue entonces cuando el fotógrafo Doug Mills, de The New York Times, apretó el obturador justo en ese segundo de aburrimiento existencial de una salvavidas que miraba como un nadador de élite ya había terminado su carrera. La imagen se volvió meme instantáneo: si tu trabajo te parece inútil, piensa en ella.


Anderson Fertes, uno de los salvavidas, de 39 años, lo resumió sin vueltas: “La probabilidad de que nos necesiten es de una en un millón, pero estamos preparados”. Mientras tanto, otros hicieron lo único que podían: mirar y bostezar.
