Ariana Grande, de 33 años, no pudo contener el llanto en el escenario del O2 Arena de Londres.
Fue la noche del martes, el cierre de 41 shows de su gira ‘Eternal Sunshine’ que empezó en junio en Oakland. Entre lágrimas, agradeció a sus fans y dijo que siempre atesoraría esa experiencia, justo cuando su imagen llevaba meses bajo la lupa pública.
Días antes había dado un paso atrás: se retiró de protagonizar la obra ‘Sunday in the Park with George’ en Londres, junto a Jonathan Bailey, su compañero en ‘Wicked’, quien también terminó bajándose del proyecto.
Un representante había confirmado a People, el 2 de agosto, que Ariana tomaría un descanso ‘muy merecido’ tras cerrar la gira con broche de oro.
Pero en un show posterior en Chicago, ella misma sintió la necesidad de aclarar algo: la decisión no nació de la negatividad en su contra, sino que la planeaba desde hacía mucho tiempo.
“Los seres humanos a veces necesitan un descanso”, dijo.
La pregunta que queda flotando es si esa explicación calma las dudas o las multiplica.
