A la 1 de la madrugada del 29 de mayo de 2026, una cámara de seguridad en Williamsburg, Brooklyn, captó algo difícil de explicar: un hombre de camisa roja empujó la tapa de una alcantarilla desde abajo, en medio de una intersección aún con tráfico, y salió a la calle. Detrás de él emergieron seis personas más. Al menos tres cargaban palas. Varios llevaban cascos con linterna. Nadie los esperaba. Nadie los detuvo.
Esa misma noche, cinco millas al sur, en Gravesend, un auto dejó a siete hombres equipados con linternas y herramientas no identificadas cerca de otra boca de alcantarilla. Ingresaron. Casi tres horas después, el último hombre salió, colocó la tapa, la pisó para encajarla y se marchó con el grupo. Las cámaras lo registraron todo. La policía llegó cuando ya no había nadie.
La hipótesis principal del policía es que los hombres podrían ser buscadores de objetos de valor arrastrados al sistema de desagüe. Las unidades especializadas de emergencias inspeccionaron ambos túneles: no hallaron daños ni materiales peligrosos. No hay arrestados. La investigación sigue abierta.
