Juan Carlos Cacho no tenía limusina ni auto último modelo. Tenía una bicicleta negra, un poco de tiempo y muchas ganas de que su hija llegara como una reina a su boda. Así que la lavó, la vistió con flores blancas y globos hasta que pareció una pequeña carroza.

Cristina Vanessa Cacho Silva se subió detrás, vestido blanco, ramo en las manos, y su papá pedaleó cada calle de San José Miahuatlán, en la Sierra Negra de Puebla, rumbo al lugar donde la esperaba Miguel, su ahora esposo. Los vecinos salieron a mirar. Nadie se quedó con el celular guardado.

Las fotos llegaron a internet y de ahí a todo México en cuestión de días. No hubo lujo, hubo algo mejor: un padre que decidió ser él mismo el vehículo del día más importante de su hija.

