Lali Juárez tenía 18 años y estaba sola en su casa cuando el fuego trepó por su ropa.


Era el 25 de febrero de 2010, faltaban pocos días para empezar el último año del secundario y para el viaje de egresados a Bariloche. Su papá se había ido a trabajar y su mamá a la peluquería.

Según contó, se levantó a prepararse un té y las llamas le subieron por la manga. Pasó tres meses internada, parte de ellos aislada en terapia intensiva, con quemaduras del pecho hacia arriba que alcanzaron el cuello y los brazos.


Durante años se escondió, convencida de que su vida había terminado ese día. Hasta que empezó a tatuarse justo sobre las cicatrices. Fue ahí, cuenta, cuando por fin se sintió plena.


Hoy tiene 28 años, está por recibirse de Licenciada en Criminalística y ya no le duele mostrar su cuerpo. Y cuando le preguntan si volvería a ser la de antes del accidente, su respuesta es no.
