Melissa Dohme tenía 21 años cuando su expareja la atacó con un cuchillo hasta dejarle 32 heridas en el cuerpo. Pasó tres semanas internada en un hospital de Florida, luchando por algo tan simple como respirar al día siguiente.

El primer paramédico en llegar esa noche fue Cameron Hill. Él no la conocía, pero fue una de las manos que la mantuvo con vida hasta que llegó a cirugía. No hubo escena de película en ese momento, solo un trabajo hecho a tiempo.

Se reencontraron meses después, cuando ella empezó a hablar en público sobre lo que había vivido. De ahí nació algo que ninguno de los dos esperaba: una relación real, una propuesta de matrimonio en un estadio de béisbol y una boda que ella misma describe como la prueba de que un final violento no tiene por qué ser el final de la historia.

