Mira bien sus rostros. Barb y Brenda son gemelas idénticas, con el mismo ADN, y aun así no parecen tener la misma edad.

El responsable de la diferencia fue un hábito. Brenda (a la izquierda de la imágen) fumó medio paquete de cigarrillos al día durante al menos 14 años y, además, pasó cerca de 14 horas semanales al sol, entre ocho y diez semanas al año, durante tres décadas. Barb (a la derecha de la imágen) nunca tocó un cigarrillo y solo se exponía dos horas por semana, siete veces menos que su hermana.
El resultado se ve a simple vista: la piel de Brenda tiene líneas mucho más marcadas y un tono grisáceo. El cirujano plástico Bahman Guyuron, quien dirigió el estudio, habló de “follajes de piel flácida” bajo sus ojos y fue tajante: cuando ve eso en un paciente, ni siquiera tiene que preguntar si fuma. Ya lo sabe.
La explicación es biológica: el tabaco reduce la formación de colágeno y adelgaza la piel, lo que le resta elasticidad y acelera el envejecimiento. Por eso, entre los gemelos con más de cinco años de diferencia en el hábito, los fumadores mostraron peores puntuaciones en bolsas bajo los ojos y arrugas en el labio inferior.
Si en tu rutina de cuidado de la piel hay diez pasos pero un cigarrillo, ¿cuál crees que pesa más?
