Imagina despertar cada día con la sensación de que una parte de tu cuerpo no te pertenece. No porque esté dañada, sino porque funciona demasiado bien.
Eso es lo que viven algunas personas con disforia de la integridad corporal, una condición que la Organización Mundial de la Salud incluyó en su clasificación de enfermedades, la CIE-11. Hay quienes se identifican con el término «transabled»: sienten un deseo persistente de tener una discapacidad física, aunque su cuerpo funcione con total normalidad. En algunos casos desean una amputación; en otros, perder la visión o adquirir otra limitación.

La ciencia sigue investigando, pero todavía no hay una explicación definitiva sobre sus causas ni un tratamiento aceptado por todos. El tema fue abordado en 2015 en un reportaje de National Post y hoy continúa en estudio. Los especialistas advierten que este deseo puede generar un sufrimiento enorme, y que intentar provocarse una discapacidad puede dejar consecuencias graves e irreversibles. ¿Cómo se entiende algo así desde afuera?

