Kim Smith, de 61 años, lleva seis años esperando un trasplante doble de manos en Milton Keynes, Reino Unido. Perdió sus cuatro extremidades tras una sepsis que dañó los tejidos de su cuerpo.

Cuando por fin apareció un donante compatible, ella dijo que no. Las manos pertenecían a un hombre y una mujer de origen africano, y Kim solo acepta manos de mujeres blancas.

Los médicos le advirtieron que esa exigencia podría alargar aún más su espera, pero ella insistió: quiere manos pequeñas, como las que tenía antes de las amputaciones, y de un tono de piel parecido al suyo.

El cirujano a cargo defendió que el rechazo psicológico a un injerto es real y puede hacer fallar el trasplante. Pero la frase que ella misma pronunció —que no es prejuiciosa, solo blanca— sigue generando debate.
Mientras tanto, Kim continúa en lista de espera para su mano derecha, ya que en 2025 logró recibir un transplante del color de su piel de su mano izquierda.

