Bree tiene 38 años y tres hijos: uno de 19, otro de 16 y el más pequeño de 7.

Creció en la pobreza y pasó una década de matrimonio contando cada centavo. Nadie le dijo entonces que su cuerpo, ese que las revistas y las tías bienintencionadas calificaban de “con demasiada barriga”, terminaría siendo su mayor activo. Hoy, desde Carolina del Norte, gana hasta 4.000 dólares a la semana mostrándose exactamente como es: con pechos caídos por la lactancia, con curvas que no pasaron por bisturí, con una talla 12-14 que decidió dejar de esconder.

Se gastó 48.000 dólares en una abdominoplastia después de los embarazos, y aun así insiste en que lo natural es lo que más atrae. “A muchos hombres les encanta una barriga, y muchas mujeres no se dan cuenta”, dice. Su plan no es competir con la cirugía, es demostrarle a otras madres que el cuerpo que la vida les dejó también puede ser motivo de orgullo.


