Cuando Victoria conoció a Agustín, él era “el tío” que su abuela le presentó, pero la cercanía generacional y la convivencia diaria hicieron que el vínculo se transformara.

Compartían el día a día, los momentos con el bebé de Victoria, que entonces tenía cinco meses, y poco a poco fueron construyendo una relación que hoy, once años después, es una familia consolidada con dos hijos.

El padre biológico del primer hijo de Victoria había desaparecido sin dejar rastro, no volvió a dar señales de vida ni a enviar ayuda económica. En ese contexto, Agustín se convirtió en un sostén fundamental “Mostraba una faceta paternal con mi hijo, y eso para una madre es determinante”, recuerda Victoria. A pesar de que él era su tío, la relación fue aceptada por todos.

“Lo importante es que sea feliz”, le dijo su padre. Su abuela, que se lo había presentado, anticipó que terminarían juntos. En la familia existían antecedentes de primos casados, algo que estaba completamente normalizado.

Hoy, Victoria y Agustín siguen construyendo su proyecto familiar. “No te tiene que importar lo que diga la gente. El amor es libre, la vida es una”, reflexiona.
