Roseline dio a luz en un arrozal, lejos de cualquier hospital, después de un parto tan largo que, según contó, su hijo casi no sobrevive.

Cuando el bebé por fin nació, las parteras intentaron esconderlo de su madre. Lo que no querían que viera era un labio leporino, una condición que nunca se había visto ni oído en su aldea de Madagascar. Roseline lo sostuvo, lo besó y empezó a llorar.

Armane, el menor de ocho hermanos, creció entre miradas de rechazo. Roseline relató que en la comunidad pensaban que estaba maldito y que llegaron a decir que no era humano. Ningún médico local podía operarlo. Ella y su esposo rezaban día y noche por una cirugía.

La respuesta llegó tras su tercer cumpleaños, cuando el barco hospital Africa Mercy atracó en Toamasina. Su hermana Lea hizo un viaje de cuatro días con él hasta el barco y Armane fue operado de forma gratuita. La enfermera Mollie Felder lo resumió así: “Es una cirugía que dura solo una hora, pero lo cambia todo”.

Tras la operación, Roseline dijo: “Mi hijo siempre será amado”.

