El 30 de noviembre de 2018, Frederick Connie encontró a su esposa, Keyvonne, sangrando en su casa de Littleton, Colorado. La mujer estaba embarazada de su primera hija y todavía faltaban varias semanas para el nacimiento.

La pareja fue trasladada de urgencia al hospital. Allí, los médicos le explicaron a Frederick que la situación era extremadamente grave y que tenían que actuar rápidamente. Según contó posteriormente, le plantearon dos posibilidades: operar primero a Keyvonne, con la posibilidad de salvarla pero perdiendo al bebé, o realizar una cesárea de emergencia para intentar salvar a la niña, aunque eso podía poner en peligro la vida de su esposa.

Frederick eligió intentar salvar a su hija.
La bebé, Angelique Keyvonne Connie, nació ese mismo día. Sin embargo, la situación de su madre continuó empeorando. “Lo intentaron y su corazón no pudo soportarlo. Murió antes de que pudieran llevarla a cirugía”, relató Frederick posteriormente.

La niña permaneció varias semanas hospitalizada y recibió leche materna donada. Mientras tanto, su padre tuvo que enfrentar el funeral de su esposa y prepararse para criar a su hija solo.

Frederick decidió además conservar el recuerdo de Keyvonne en el nombre de la niña. “Le di el nombre de su mamá. Ella va a conocer a su mamá. Me aseguraré de eso”, explicó.

Años después, Frederick seguía defendiendo la decisión que tomó aquel día. “Me alegra haber tomado esa decisión”, dijo. Según explicó, conocía cuánto significaban sus hijos para Keyvonne y creía que ella habría querido que su hija tuviera la oportunidad de vivir.
