Joey miró su pecho después de la operación y preguntó: “¿Aquí es donde me cortaron para arreglar mi corazón?”. Esa frase terminó dándole a su papá una idea.
El niño tenía solo 3 años cuando fue sometido a una cirugía a corazón abierto en el Hospital Infantil de Leeds, en Inglaterra. Había nacido con una rara afección llamada estenosis aórtica supravalvular, que dificultaba el paso de la sangre a través de la aorta y obligó a los médicos a intervenir.

La operación le dejó una cicatriz de unas seis pulgadas en el pecho. Y cuando Martin Watts vio que su hijo empezaba a fijarse en esa marca, decidió tatuarse una igual, del mismo tamaño y en el mismo lugar.
La idea no era esconder la cicatriz, sino hacer exactamente lo contrario: que Joey pudiera verla como una señal de todo lo que había superado.
La familia además se sumó a la campaña #ScarSelfie, impulsada por el hospital para que niños y adultos operados del corazón mostraran sus cicatrices con orgullo. La mamá de Joey, Leanne, explicó que querían ayudar a otros pequeños a sentirse menos solos y generar conciencia sobre este tipo de cirugías.
En casa, además, la experiencia tenía un significado todavía más cercano: otro de sus hijos, Harley, había sido diagnosticado con la misma condición y también tendría que enfrentarse a una operación en el futuro.
Lo que empezó como un tatuaje para acompañar a un niño terminó convirtiéndose en un mensaje para muchos más: una cicatriz también puede contar que lograste salir adelante.
