Se llama Sola. Y ese nombre, que alguien eligió quizás sin pensarlo del todo, terminó describiendo exactamente lo que le tocó vivir desde el primer día.
Su propia madre la aplastó al nacer accidentalmente. El golpe le dejó una fractura de cráneo y otra en la mandíbula. Por un momento el equipo médico pensó que la habían perdido: la presión arterial cayó, el corazón se detuvo. La reanimaron. Ahora está estable, bajo observación especializada, esperando una resonancia magnética que dirá si el hueso fracturado está presionando su cerebro. Si es así, tendrán que operarla.

“Sola continúa luchando”, dijo el activista Jesús Elías Ibarra Rodríguez en redes sociales. “Sigan orando por ella y enviándonos sus mejores vibras”. Cada día que sigue respirando es, para quienes la cuidan, una pequeña victoria.
