Cuando nació, su madre le regaló un pequeño peluche de conejo. Ella lo llamó “U-chan” y, desde entonces, prácticamente nunca se separó de él.
La mujer, actualmente de 38 años y residente en la prefectura de Osaka, Japón, contó que durante su infancia dormía con U-chan todas las noches. Con el paso de los años, el peluche siguió acompañándola en momentos cada vez más importantes de su vida.
Estuvo con ella durante un viaje escolar, en su luna de miel y durante el embarazo. Incluso estuvo presente durante las contracciones del parto y llegó a acompañarla dentro del hospital mientras enfrentaba una enfermedad.

Pero casi cuatro décadas de compañía también tuvieron consecuencias sobre el pequeño conejo.
El peluche se encuentra actualmente completamente deformado por el uso. Su cuello está estirado, sus ojos y su nariz quedaron torcidos y algunas partes del relleno se transparentan a través de la tela. Su deterioro es tal que, según contó su dueña, las personas que lo ven por primera vez muchas veces ni siquiera pueden identificarlo como un conejo.
Para ella, sin embargo, U-chan sigue siendo exactamente el mismo peluche que recibió al nacer.
Por eso decidió pedir ayuda para devolverle parte de su apariencia original. No quería reemplazarlo por uno nuevo ni simplemente comprar otro parecido: quería recuperar al U-chan que había conocido durante su infancia y que había permanecido junto a ella durante 38 años.
Había, eso sí, una condición que consideraba especialmente importante. Aunque quería que el peluche recuperara su aspecto, no quería que perdiera su olor.

Ese detalle podía parecer extraño para cualquiera que no conociera la historia, pero para ella formaba parte de los recuerdos acumulados durante décadas. El olor de U-chan era también el olor del objeto que había estado junto a ella desde que era bebé y que había pertenecido a una etapa de su vida en la que su madre todavía estaba presente.
La petición fue presentada dentro de una sección de Naito Scoop dedicada a restaurar objetos con un importante valor sentimental. Y en el caso de U-chan, el desafío era particularmente difícil: no se trataba simplemente de reparar un peluche viejo, sino de devolverle su apariencia sin borrar las huellas de los 38 años que había pasado junto a su dueña.
