Para él no había nada extraordinario en la escena. Solo estaba devolviendo, décadas después, una parte de todo lo que ella había hecho por él.
La imagen fue tomada en 2012 en un hospital de Tainan, Taiwán. Su madre tenía 85 años, sufría problemas cardíacos e hipertensión y además se había fracturado una pierna. Como estaba demasiado débil y temía hacerle daño al sentarla en una silla de ruedas, su hijo, de 61 años, decidió cargarla contra su pecho mientras esperaban atención y darle de comer entre sus brazos.

Pero aquel gesto no comenzó ese día. Durante años había organizado su vida para permanecer cerca de ella. Incluso rechazó un ascenso laboral porque implicaba mudarse a Taipéi y, tiempo después, se jubiló anticipadamente para poder cuidarla a tiempo completo.
Llegó a contar que prácticamente pasaba las 24 horas pendiente de su madre y que incluso dormía junto a ella para poder asistirla cuando lo necesitara. Por eso, cuando la fotografía comenzó a circular y miles de personas destacaron su dedicación, él no entendía demasiado la sorpresa: para él, cuidarla era simplemente lo que correspondía.
Su madre falleció pocos días después de que aquella imagen se hiciera conocida. Él había pasado años acompañándola hasta sus últimos días.
Durante su infancia fueron los brazos de ella los que lo sostuvieron. Al final de su vida, fueron los de su hijo los que estuvieron ahí para sostenerla a ella.
