Braydon se apartó de su madre en un Walmart. Cuando ella lo encontró, estaba arrodillado frente a un cartel con fotos de niños desaparecidos y el mensaje «Cada segundo cuenta».
Frente a las fotografías y a la frase urgente, su oración se dirigió a un deseo claro: que los niños pudieran volver a casa.
Poco después, su historia y acto de bondad se hizo tan conocido, que incluso la familia de una de las niñas desaparecidas se contactó con él para agradecerle.
Tristemente, algunos de los avisos publicados son tan antiguos, que esos niños ya serían adultos de ser encontrados hoy. Un hecho desgarrador, pero que no quita los deseos de volver a ver a quienes nunca debieron desaparecer.

