Le dijeron que el pelo crece… pero no.
Holly tenía apenas 6 años cuando comenzó a perderlo por alopecia. Su mamá, intentando ayudarla, decidió raparle la cabeza porque creyó que así volvería a crecer más rápido y fuerte, pero el pelo nunca regresó como esperaban.

Desde entonces, Holly pasó décadas usando peluca y esperando que algún día pudiera dejar de hacerlo. Esa espera terminó influyendo en la forma en que se veía a sí misma y en muchas decisiones de su vida, porque sentía que había cosas que debía postergar hasta “verse normal” otra vez.
Con el tiempo, entendió que llevaba demasiados años escondiéndose por algo que no podía controlar. Más de 30 años después de aquella primera rapada, decidió dejar de ocultar su alopecia y empezar a mostrarse tal como es.
Después de pasar gran parte de su vida esperando que el pelo regresara, Holly terminó entendiendo que no necesitaba seguir esperando para empezar a vivir como quería.
