Un hombre de apellido Wang, de Zibo, al norte de China, pensó que al fin había encontrado el amor cuando encontró a una mujer en una aplicación de juegos.
Se llamaba Sheng. Tenía una voz dulce, fotos bonitas y mensajes cargados de cariño. Durante meses mantuvieron conversaciones románticas y una relación en línea. Al punto en que el hombre le envió sumas como 1.314 o 520 yuanes, cifras que en chino significan “toda la vida” y “te amo”.
Más tarde, Sheng se las ingenió para inventar excusas para conseguir más dinero. Decía necesitar para el alquiler o medicinas. Wang, que ya estaba involucrado sentimentalmente, le transfería sin dudar. En total perdió más de 4.000 yuanes, unos 550 dólares.
Pero todo se rompió en una videollamada. La voz de Sheng, a diferencia de los audios anteriores, sonaba ronca e irreconocible. Wang preguntó qué pasaba. Ella colgó y lo bloqueó en todas las plataformas.
Supo entonces que había sido estafado.


La policía descubrió entonces una operación sofisticada detrás de la estafa, con una clara división del trabajo, y atraparon a 14 integrantes en total. Cada uno con un rol específico, usando cambiadores de voz y fotos robadas de distintas mujeres para crear una imagen convincente de “novia”.
El grupo, liderado por un individuo de apellido Lv, se dirigía específicamente a hombres solteros y solitarios que deseaban entablar relaciones en línea.
