Su novio la convenció de cortarse una mano para cobrar un seguro por invalidez permanente. La policía encontró la mano y los médicos se la reimplantaron: no cobraron el seguro y ambos terminaron en prisión

Por Maried Díaz
23 October, 2026

El 11 de septiembre de 2020, en un tribunal de Liubliana, una joven de 22 años escuchó su condena con la mano izquierda cubierta por una manta.

No era un gesto de pudor. Esa mano había estado separada de su cuerpo.

Todo empezó en 2018. Julija Adlesic firmó contratos con cinco aseguradoras distintas. Si quedaba con una discapacidad permanente, podía cobrar más de un millón de euros: más o menos la mitad de golpe y el resto en cuotas mensuales.

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A comienzos de 2019, en la casa de su pareja, en la capital de Eslovenia, se cortó la mano izquierda por encima de la muñeca con una sierra circular. En el hospital contó que se había herido cortando ramas de un árbol.

Pero faltaba algo. Según las autoridades, la mano no llegó con ella. La habían dejado en casa. Sin mano, nadie podría volver a coserla, y la discapacidad sería para siempre.

La policía la encontró a tiempo. Los cirujanos la reimplantaron.

El resto lo hizo un detalle pequeño. Según la fiscalía, días antes del accidente su novio había buscado en internet cómo funcionan las manos artificiales. Para los fiscales, esa búsqueda mostraba que nada había sido casualidad.

Ella lo negó hasta el final. Ante el tribunal dijo: “Nadie quiere quedar lisiado. Mi juventud ha sido destruida. Perdí mi mano a los 20 años. Solo yo sé cómo sucedió”.

El tribunal la condenó a dos años de prisión. Su novio recibió tres.

Intentó perder una mano para ganar una fortuna. Se quedó sin la fortuna, y la mano volvió a su lugar.

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